Reikiavik, de Juan Mayorga

Pocas veces una obra de teatro me ha dejado tan sacudido como Reikiavik, de Juan Mayorga. Al salir del teatro me sentía aturdido, con la sensación que el dramaturgo había estado hablando de mí en todo momento. Era difícil deshacerme de ese estado de ánimo y sentarme ante el ordenador para escribir lo que pasaba por mi cuerpo. Hice lo que pude y el resultado es un pobre reflejo de lo que había experimentado en el Teatro Olimpia de Huesca.

Pocas veces me ha pasado algo así y esas pocas veces las guardo en mi memoria como momentos preciados, pequeños tesoros que no se pueden compartir. En el National Theatre de Londres, en el Teatre Lliure y el Teatre Nacional de Catalunya, en Barcelona, en la Comédie Française de París y ahora en el Teatro Olimpia de Huesca, espectáculos que guardo en el recuerdo y que generaron sensaciones que perduran mientras el recuerdo del espectáculo se va difuminando con los años. Algún día escribiré sobre esos espectáculos, pero hoy quiero compartir con vosotros esa reseña que hice sobre Reikiavik. Leída hoy, once meses después de su escritura, me parece que no conseguí transmitir todo lo que me provocó tanto el texto como el montaje de Juan Mayorga. Podría reescribirla, pero creo que es mucho más sincero mostrar el artículo original, al fin y al cabo, si hubiera escrito en un diario de papel, ese sería el texto que perduraría. Tampoco creo que tenga mucho sentido intentar mejorar literariamente un texto que ya salió y ya cumplió su cometido original.

Para una lectura más cómoda me hubiera gustado poder copiar y pegar el texto en esta web. Lamentablemente, aunque yo sea el autor de ese texto, si hago eso me temo que Google se va a enfadar conmigo, así que, para que no me penalice, aquí os pongo el enlace para que podáis leer ese texto, por si es de vuestro interés.

¿Qué pasó realmente en Reikiavik?

 

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